Aprender a jugar con nuestro perro

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Aprender a jugar con nuestros perros es nuestra obligación. Sabemos que el juego reviste una importancia vital en la conformación del carácter del individuo en muchas especies diferentes. A través del juego los cachorros aprenden de sus mamás y símiles un sinfín de capacidades y habilidades fundamentales para después desenvolverse con eficiencia en un mundo adulto.

Si observamos un cachorro de perro (y de humano) enseguida podremos entender que se pasan gran parte del tiempo que no duermen o dedican a nutrirse, jugando.

Es pues el juego la primera puerta hacia el conocimiento, y quizás el mejor motor de aprendizaje. Algo que si sabemos potenciar, favorecer y moldear en manera adecuada, nos va a servir siempre como uno de los mejores recursos para fomentar el vínculo con nuestro perro, proponer nuevos retos y ayudar a que los afronte con provecho.

Podemos entender fácilmente que si el juego es uno de los mejores recursos que tenemos para educar, formar, adiestrar a nuestro perro, también puede ser una práctica que si se lleva a cabo de manera errónea puede favorecer y generar actitudes y conductas problemáticas. La falta de juego puede crear graves disturbios de salud. Pero también el exceso de juego, las malas prácticas o un grave desequilibrio entre el nivel de actividad invocado y el estado de salud físico y emocional de nuestro perro. Si tenemos un perro súper excitado que no para quieto, lo lógico sería proponerle juegos relajantes, y al contrario, si nuestro perro está todo el día en el sofá, pues seguramente le convendrían juegos más dinámicos.

 

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Observar a nuestro perro jugar es enternecedor

 

Por todo ello es muy importante aprender a jugar con nuestro perro. Y enseñarle a jugar de una manera sana y equilibrada. De la misma manera que con nuestros hijos les filtramos los juegos que les ofrecemos, conscientes de la mala o buena influencia que en ellos puede acarrear un tipo de juego u otro. Con nuestros perros tenemos y debemos siempre ceñirnos por una evaluación constante del tipo de juego que ofrecemos y que consecuencias y nivel de activación vamos a generar.

Si empezamos a jugar con nuestro perro desde pequeñitos, ya tendremos que pensar y prevenir ciertas posibles consecuencias futuras que el tipo e intensidad del juego propuesto podría generar en una edad adulta. Por ejemplo si cuando mi perro me muerde cachorrito y como me hace mucha gracia come se pone, fomento ese juego en ese momento aparentemente inofensivo. Pero que puede generar en el perro una mala costumbre, que si bien nos hace gracia con 4 meses, cuando tenga 12 nos va a gustar mucho menos.

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Los perros pueden ser agresivos por miedo

 

El juego acompaña o debería acompañar a nuestro perro siempre, como un potente generador de aprendizaje. Y nosotros propietarios tenemos la obligación de ofrecer suficientes espacios de juego de calidad cada día a nuestra mascota. Y además lo vamos a poder utilizar siempre para proponer nuevos retos y enseñanzas. Que si presentadas de manera correcta, nos van a dar muchísimos buenos resultados en la educación de nuestro mejor amigo.

Por eso hay una serie de normas básicas a la hora de elegir juegos para practicar con nuestro perro. Primero de todo tiene que ser siempre un juego de participación activa del perro y vinculación con nosotros. Es decir, los dos perro/guía, tienen que jugar de manera activa y participativa. En esta premisa está muy claro que por ejemplo uno de los juegos más típicos, el de tirar la pelota al perro para que la traiga en tanto estamos mirando el móvil, no entra.

Este juego de la pelota suelta, al cual dedicaré un artículo propio en breve y por lo tanto no me voy a extender aquí, no es participativo, no configura un juego de equipo, perro/guía. No hay negociación, participación activa de ambas partes. Esa necesidad de buscar, afinar, las diferentes dinámicas de un juego a dos. Y además tiene muchísimas contra indicaciones. Solo voy a citar la más importante, el juego de la pelota en muchos casos constituye un potente generador de ansiedad, de estrés, que antes o después por algún lado, generalmente indeseado, va a explotar.

Y si he dicho no al juego de tirar la pelota, como quizás el ejemplo más famoso y difundido de juego nocivo, voy a hablar de aquel que considero quizás el mejor, simple, sencillo, barato, y que puedo llevar a cabo casi en cualquier sitio y circunstancia. El juego del mordedor de cuera trenzada, o del tira y afloja.

Sin duda considero que jugar con nuestro perro con un mordedor de tela, un nudo de cuera o similar, además de ser un accesorio realmente barato que dura muchísimo, garantiza como ninguno esa premisa de jugar a dos partes con el mismo nivel de implicación reciproca. A los perros les encanta cobrar (recoger cosas con la boca y traerlas). Como le vuelve locos ese juego de tira y afloja del nudo con su dueño. Ofrece miles de variantes y bien planteado constituye por si mismo un premio, un refuerzo muy re compensatorio para nuestro perro. Basta pensar que en entornos de trabajo, muchas veces el perro de intervención actúa con eficiencia tan solo ante la perspectiva de entrar en posesión de su juguete favorito.

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Un cachorro aprende mordisqueando

 

Eso si, como con cualquier otro juguete debemos saber como utilizarlo y como medir muy bien los niveles de excitación, exigencia y actividad que invocamos en ese espacio de juego. Tenemos que ser ante todo, igualitarios y equilibrados, es decir, si tenemos siempre nosotros el mordedor el perro se va a acabar aburriendo y perderá interés en jugar con nosotros. Al contrario, si el perro excede en la posesión de ese recurso, se excita demasiado y/o no responde a nuestras indicaciones, deberemos modular con mucho tacto el modo, la forma e intensidad de nuestra propuesta.

Si nosotros somos capaces de generar ganas de jugar en nuestro perro, entendemos su ritmo y preferencias, lo implicamos en un juego de participación equilibrada, fomentando con esa práctica un mejor vínculo y haciendo disfrutar a nuestro perro. Éste estará siempre muy receptivo a nuevas propuestas, el camino ideal para proponer nuevos conocimientos a nuestro fiel amigo.

Hoy en día existen infinidad de juguetes interactivos para perros que requieren la participación activa y razonada del perro. Los juegos de olfato en todas sus ricas variantes son un recurso de potencialidades inmensas para favorecer la mejor salud emocional de nuestro perro y proponer y moldear nuevas habilidades y conductas. Y todos los juegos sociales van a ser siempre fuente de enriquecimiento.